La verdad os hará… ¿morir?

Para muchos, la frase: ‘la verdad os hará libres’, es muy conocida. Es una sentencia del evangelio (Juan 8:31-38) y es el lema de la Universidad de Guanajuato, de la Universidad Iberoamericana, de la Universidad Católica de Córdoba, de la Universidad de la República Dominicana, entre otras. La verdad da conocimiento de las cosas y nos permite actuar con conciencia plena. Significa también, que el uso de la palabra, es un acto de liberación terapéutica de los deseos de la persona neurótica. Ya sea que ésta esté afligida por un exceso de preocupaciones o de hechos que le generan culpa o, simplemente, porque ha guardado secretos de amor que no ha podido declarar. El hacerlo –hablar la verdad- resulta espiritualmente sanador y catártico emocionalmente. De esta manera, el hablar se utiliza convenientemente por muchas disciplinas curativas, religiosas y científicas.
Sin embargo, decir lo que se sabe o siente tiene su precio y no siempre resulta adecuado. Tiene que ver con lo que se guarda, con el secreto que se sabe. Porque lo curativo es conocer lo que no se sabe que se sabe. Ejemplo, la mujer que descubre que el esposo le es infiel y al darse cuenta, por una evidencia, entra en conflicto; pero al mismo tiempo dice: “ya lo sabía”, pero no quería darme cuenta. Para la mujer implica entrar en crisis de emociones y para el esposo, verse liberado del engaño hacia la esposa. Dirían: ‘ojos que no ven, corazón que no siente’ y ‘ya sabiendo la esposa, ya no es engaño, ya se sabe’. Libertad y esclavitud al mismo tiempo.
Tratando de entender una de las causas de la violencia social que hoy nos aqueja, reflexiono que ‘la verdad’ tiene mucho que ver. Se matan periodistas porque ‘sabían demasiado’ de tal o cual situación delictiva cometida por ‘gente importante’. Entre los cárteles del crimen organizado, los altos mandos dan órdenes de matar a los soplones, testigos de delitos o a quienes tienen la intención de traicionar y abandonar al grupo criminal al que pertenece. En los gobiernos, en su escenario de actuación, en donde se fraguan los delitos de corrupción e impunidad, decir la verdad cuesta la muerte hasta la familia completa. Tan solo por ello se ha matado a gobernantes, candidatos y personas cercanas al ‘pez gordo’. Se desaparecen, matan políticamente o físicamente. En esos casos, decir la verdad no da libertad, pues se establece una sentencia de muerte que se mantiene el resto de la vida.
En la actualidad, la traición ha dejado de ser un elogio en la política. Muchos personajes han sido testigos del abuso del poder y han cambiado de bandera política, de militancia partidista o se han asumido como independientes. Saben lo que se vivió, lo que se pierde y lo que se gana, y aun así buscan por todos los medios no salirse del ‘juego’ de la política y del poder. Las razones que sean no faltan. Un juego en el que los ciudadanos nos involucramos y participamos con casi las mismas posturas: los candidatos insultan, mienten, prometen, creen que tienen la verdad, y el ciudadano, nada experto en política, busca desesperadamente participar, diciendo –con plena certeza- quien es el bueno, cuales son los delitos de uno u otro, y asegurando qué va a suceder luego del primero de julio. Nuestro voto ‘matará’ a muchos candidatos y solo uno, quizás nuestro favorito, se mantenga con vida.
Quizás una opción es no saber nada de política, Así no se buscan conflictos y diferencias hasta con miembros de la familia. Quizás solo sea necesario votar y ocuparse de la vida propia. Eso nos puede mantener con vida, a pesar de estar matando a la democracia.