La salud mental en los adultos mayores

El nuevo Plan Nacional de Desarrollo en México tendrá, con toda seguridad, un apartado que señale la atención integral a las personas mayores de 60 años. La población mundial está envejeciendo rápidamente y se estima, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que para el año 2030, éste grupo de población se incremente del 12 por ciento al 22 por ciento. Con el proceso de envejecimiento, la salud física y la salud psicológica, tan importantes en la etapa del adulto mayor como en otros periodos de la vida. Las cifras de la OMS plantean que son los trastornos neuropsiquiátricos los que con mayor frecuencia se consulta al médico especialista (6.6 por ciento) y, con intensidades diversas, la depresión y la ansiedad (15 por ciento) las que mayor se padecen.
Los adultos mayores pueden sufrir problemas físicos y mentales que es preciso prevenir o retrasar su aparición. Conocemos muchas personas que tienen una buena salud mental; varones y mujeres de 60 años de edad o más realizan aportaciones valiosas a la sociedad siendo personas muy activas en su familia, pueden desempeñarse como voluntarios comprometidos de trabajo y realizan actividades deportivas y culturales en la localidad o barrio en donde viven. Sin embargo, muchas están en constante riesgo de presentar afectaciones emocionales, deterioros neurológicos, problemas de convivencia familiar, además de sintomatologías relacionadas con la diabetes, la hipoacusia, la demencia, la visión deficiente y otras afectaciones. Envejecer nos pone en la antesala del deterioro general de nuestro cuerpo y mente y muchas veces, de forma repentina, aparecen varias afecciones al mismo tiempo.
Como suele suceder, tanto el personal de salud de primer contacto y los propios ancianos no reconocen la magnitud de los problemas de salud mental y se mantiene el estigma de que “estar afligido psicológicamente” no es como “estar loco” y rechazan el ofrecimiento de una especializada. Debemos considerar que son muchos los factores sociales, psíquicos y biológicos que determinan nuestra salud mental y que las dificultades de movilidad, dolor crónico, fragilidad emocional, maltrato físico, sexual, psicológico, emocional, económico o material, si no se atiende oportunamente puede generar graves pérdidas de dignidad y respeto. La asistencia psicológica tendrá que requerirse en un corto o largo plazo. También, la percepción y sucesos relacionados con la muerte, la jubilación o las limitaciones económicas que llegarán a presentarse requieren de una orientación conveniente.
Los datos actuales indican que una de cada 10 personas mayores sufre maltrato, por lo que no se ve una solución inmediata a las anteriores problemáticas si las autoridades no generan los recursos económicos suficientes para impulsar programas eficientes y efectivos. Tan solo sería un gesto de buena voluntad que dicho Plan Nacional de Desarrollo contemple la reglamentación necesaria para aplicar programas idóneos, particularmente, la Ley General de Salud Mental y que especifique la obligada capacitación de los profesionales en salud para la atención de los ancianos; la prevención y atención de las enfermedades crónicas que acompañan a la vejez; la elaboración de políticas sostenibles sobre la asistencia a largo plazo y los cuidados paliativos; así como la creación de servicios novedosos y entornos favorables para la convivencia de las personas de edad mayor. Tengo la esperanza de que así sea.