Para una vida mejor, mejores preguntas (II de II)

¿Cuántas veces has salido insatisfecho de una conversación diciendo “¡Si por lo menos él o ella me hubiera preguntado qué es lo que yo quería!” Como comentaba la semana pasada en este espacio, la clave de una conversación exitosa consiste en hacerle buenas preguntas al interlocutor para entender mejor su manera de ver las cosas. El problema es que frecuentemente ni siquiera atendemos lo que nos está diciendo.
Suelo aconsejarles a mis alumnos universitarios y de posgrado que, tras escuchar con atención a un colega, familiar o amigo, le planteen preguntas como las siguientes: “¿Y cómo te hizo sentir esto que sucedió?”, “¿A ti qué te hubiera gustado que pasara?”, “¿Qué piensas hacer al respecto?” Preguntas como las anteriores son una manera de hacerle ver a la persona que la hemos estado escuchando y que lo que nos tenga que decir es algo que valoramos.
Es evidente que en nuestra vida diaria requerimos estar bien informados. Plantear las preguntas adecuadas facilitará enormemente en esta tarea. Mónica Rodríguez, autora de un artículo en el boletín científico Sapiens Research, apunta: “Recibimos o tenemos a nuestro alcance una gran cantidad de información sobre los temas más diversos y a veces resulta crítico que entendamos bien algún tema en concreto, ya sea para ejercer nuestros derechos en una sociedad democrática o para tomar una decisión”.
Rodríguez habla de temas tan cruciales como los siguientes: ¿Las vacunas son dañinas como afirman algunos padres de familia?, ¿Cuál es la mejor manera de invertir mis ahorros?, ¿Qué hábitos podría empezar a practicar para llevar una vida más saludable?, ¿Dónde puedo donar ropa y enseres en favor de los más necesitados?, ¿A qué instancia debo acudir para presentar una queja sobre un funcionario público?
Hacer buenas preguntas es, pues, un componente esencial del ciudadano activo e informado. Si desarrollamos el pensamiento crítico, podremos discernir mejor entre aquello que nos conviene y lo que nos estorba es nuestras vidas, ya sea en el terreno personal, familiar, laboral o social.
El sistema educativo lleva como propósito cultivar el pensamiento crítico en niños y jóvenes, lo cual me parece excelente. El problema es que éste no se practica lo suficiente… y lo que no se practica se acaba olvidando. ¿Cómo trasladar este hábito a nuestra vida cotidiana? Julio César Herrero, autor del libro ‘Elementos del pensamiento crítico’ nos hace ver que pensar críticamente supone, fundamentalmente, hacer buenas preguntas para obtener respuestas de calidad. Por ejemplo: ¿Cómo describiría el problema que me interesa resolver? ¿Dispongo de toda la información necesaria? ¿De cuántas maneras diferentes podría abordarlo? Interrogantes como las anteriores nos ayudarán a encontrar respuestas razonadas y sólidas.
Las ‘fake news’ son información basura: falsa y malintencionada. No hay nada como salir uno mismo en búsqueda de la verdad . ¿Dónde podemos obtener información valiosa? Las fuentes de conocimiento sobran: Internet, libros, periódicos, revistas, especialistas en el tema, talleres, conferencias, dependencias gubernamentales, agrupaciones ciudadanas. Está en todos lados, solo es cuestión de buscarla.