Turistas sorprendidos por tranquilidad del Centro Histórico de Querétaro

El COVID-19 ha borrado las sonrisas en Centro Histórico de Querétaro, ha infundido incertidumbre y zozobra y los saludos de mano y beso han pasado a convertirse en un sano distanciamiento

Son las 13:00 horas del domingo y un grupo de turistas canadienses que se encuentra en la esquina de Madero y Juárez, en el primer cuadro de la ciudad, se da cuenta que ante la contingencia epidemiológica por el COVID-19, la zona se encuentra casi vacía a diferencia de otros días.

“Realmente la gente se lo está tomando en serio y hoy lo demuestran los mexicanos al dejar de lado esa algarabía que los caracteriza”, dijo con asombro un integrante de este grupo de visitantes que recorre el Jardín Zenea.

Esta es una muestra de la situación que hoy se vive en la ciudad, pues apenas hace un par de semanas, a esta hora, en esta, que es una de las principales plazas públicas, estaba atiborrada de vendedores ambulantes, familias que disfrutan de un helado, niños brincando para alcanzar las burbujas de jabón y parejas que aprovechaban el descanso y la rutina de la semana para platicar y de vez en cuando besar sus labios como prueba de lo mucho que se extrañaron.

También a esta hora y en este lugar se observaban a cientos de turistas que recorrían los principales atractivos de la ciudad abordo de un pequeño tranvía donde les narraban la historia del Cerro de las Campanas, lugar donde fue fusilado el archiduque Maximiliano de Habsburgo, al lado de los generales conservadores Miguel Miramón y Tomas Mejía; del Acueducto que fue construido por las órdenes de Juan Antonio de Urrutia y Arana, Marqués de la Villa del Villar del Aguila y de la casa que habitaba la Corregidora, Josefa Ortiz de Domínguez y que hoy alberga la sede del Poder Ejecutivo.

Al hacer un recorrido por el primer cuadro de la ciudad es fácil apreciar que hay algunos locales cerrados y otros abiertos, pero con el mínimo de gente.

Las heladerías lucen desiertas, al igual que aquel lugar (la cerrada de 5 de Mayo) otrora ocupado por payasos a donde la gente sólida en un domingo común acudir para aplaudir a esos hombres de cara pintada.

Hoy el COVID-19 ha borrado las sonrisas, ha infundido incertidumbre y zozobra y los saludos de mano y beso han pasado a convertirse en un sano distanciamiento.

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