Como chivo en cristalería…

El triaje será necesario durante una pandemia grave, sentencia la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en “Clasificación: Establecimiento de Prioridades de Atención para Reducir la Mortalidad”.
“Ningún país en el mundo tendrá recursos suficientes para cuidar a todos los pacientes que necesitarán atención de salud durante una pandemia grave. No se podrá prevenir todas las muertes y no todas las personas enfermas recibirán la atención necesaria. La meta de un triaje durante una pandemia es salvar la mayor cantidad de vidas posible dentro del contexto de recursos insuficientes”, detalla.
El término “triage” es un neologismo del vocablo francés “trier”, que significa “escoger o separar” y ha sido utilizado desde la época de Napoleón para clasificar -en ese entonces- a los heridos de guerra; y ahora en los diferentes procesos de atención (prehospitalario, hospitalario, etc.) a los enfermos en general, con base en su gravedad, y para determinar las prioridades de atención.
Bajo condiciones normales -explica la OPS- las primeras personas que necesitan atención médica la reciben; pero en circunstancias menos “ideales”, alguien tiene que decidir quién la recibirá primero. La meta del triaje es, pues, salvar la mayor cantidad posible de vidas.
También explica que “Durante una pandemia grave, usted puede esperar que el lapso de tiempo en que la necesidad de atención de salud es mayor que los recursos disponibles dure semanas o meses. Utilizar los recursos médicos escasos para atender a pacientes que tal vez estén muy enfermos, pero que probablemente morirán a pesar de los cuidados intensivos, puede provocar que otros pacientes menos enfermos no reciban tratamiento, se enfermen más y mueran. Cuando el triaje se hace de manera adecuada, produce el mejor resultado para el mayor número de personas. Sin un plan de triaje establecido, es más probable que los recursos se desperdicien y muera más gente”.
Por ello, resulta perfectamente comprensible -por muy duro que parezca- que las autoridades en nuestro país, en medio de la pandemia del Covid-19 que enfrentamos, hayan elaborado una “Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica”… el problema es que la 4T hace las cosas como “chivo en cristalería”, pateando -por ignorancia o soberbia- las formalidades que requieren los procedimientos en un estado de derecho, e informando de sus acciones con grandes deficiencias.
De lo contrario, ¿cómo explicar que el documento haya sido publicado en el portal del Consejo de Salubridad General, sin haber sido debidamente aprobado por este ni publicado en el Diario Oficial de la Federación?
El asunto es además dramático y terriblemente sensible para la sociedad, porque ¿quién está preparado, en medio del temor en el que hemos estado inmersos las últimas semanas de contraer la enfermedad, para escuchar lo que dice la Guía -que por cierto, ya fue bajada de la página- de que los “pacientes más jóvenes han de recibir atención de cuidados intensivos sobre pacientes de mayor edad”, y que en casos empatados “entonces la decisión sobre quién recibirá acceso a los recursos escasos deberá de tomarse al azar (por ejemplo, lanzando una moneda)”?
Cuando mi madre -de 79 años- se enteró, asumió automáticamente que de enfermarse no recibiría atención médica… al día siguiente no quiso levantarse de su cama en todo el día, porque la invadió una gran tristeza.
Y no, no es como aseguró el presidente López Obrador cuando se le preguntó sobre el tema, “buscarle tres pies al gato”; es simplemente hacer las cosas bien para evitar confusión, suspicacias y cuestionamientos…