Pegar a un hombre

Llamando al 911… La operadora contesta (¡al fin!): -Querétaro ¿Cuál es su emergencia? -¡Señorita, un hombre está golpeando a una mujer! ¿Qué puedo hacer? -¿Puede decirme cuál es su ubicación? -¡Señorita, en Querétaro y en todo el país los hombres golpean a las mujeres! -¿Cuál es el motivo de la disputa? -Él dice que la ama y a ella no le gusta esa manera de querer. -Dígame si la vida de ella corre peligro, por favor… -¡Claro que corre peligro, el hombre tiene un arma peligrosa! -¿Qué tipo de arma tiene? -Tiene poder, pero una gran frustración.
Se dice que del amor al odio hay un paso y las relaciones afectuosas entre las personas son un medio de cultivo óptimo para comprobarlo. Aunque opuestos, cuando se ama a una persona se generan sentimientos de odio que pueden llegar a causar daño. No podemos amar lo suficiente a otra persona ni sentirnos saciados por el amor de alguien más. Por ello, el amor-odio llega a ser un estado en el que se tienen ambivalentes intensas hacia otra persona.
Por motivos de contingencia sanitaria (Covid-19) se nos ha obligado a “quedarnos en casa” en lugar de “estar en casa”, que tiene un sentido de voluntad propia. Estar en casa, en el hogar, supone un ambiente de intimidad donde sus integrantes conviven en armonía y dialogan con respeto, escenario idóneo para la amorosidad, para el amor fraternal y para el amor erótico, según sea el caso. El odio es la negación de intimidad, el rechazo a fusionarse con otra o varias personas. Cuando nos dicen “quédate en casa”, nos prohíben la libertad social y nos invitan a reconocer a la pareja y a la familia. Pero ya sabemos y nos conocen, no se está en la etapa de enamoramiento que hace dejar muchas cosas de lado para conocer las virtudes de la persona que queremos querer. La familia conoce ya los errores de sus integrantes, los pasados y los presentes, mismos que se agudizan en estos tiempos de encierro obligado, por lo que esa intimidad “amorosa” se rechaza y se violenta. Más todavía cuando se pretende que los roles cambien por esa invitación a colaborar en las tareas domésticas, de protección, crianza y educación escolar de los hijos. En esos terrenos, los aliados amorosos se desconocen y el odio retador aparece por las tensiones que se suscitan. Salvo que fuesen relaciones simbióticas, nadie puede estar tan cercano uno del otro. Requieren alejarse para luego extrañarse y regresar a esa unión que tranquiliza temporalmente.
¿Qué le dirías al hombre que violenta mujeres? Si te atreves, haces uso de la técnica de compromiso cognitivo (buscas que razone) y le dirías: “calmado, tranquilo, no vale la pena que vayas a la cárcel, ya viene la patrulla, no es para tanto, resuelvan sus problemas”. Sin embargo, las emociones se contagian (de amor y de odio) y quizá le digas: “¡Detente desgraciado!, ¿qué te pasa, por qué le pegas?, ¡ponte con un hombre!, ¡eres un cobarde, no mereces ser hombre (ni tener una Tecate)!”.
En cuestiones de amor, como en otras dependencias, un hombre se siente ligado a una mujer, entregado y comprometido, pero también temeroso por la libertad restringida, la amenaza de su poder y el temor al abandono de ella. Todo es cuestión de ser amable con el hombre agresivo y violento. De comprender que sus inseguridades son la inmadurez por una falla en la construcción de una identidad positiva; que puede tener tendencias homosexuales, conflictos con las figuras de autoridad y la percepción de que su madre es una puta. Un hombre violento es también una persona potencialmente suicida.
Nada justifica la violencia de un hombre a la mujer. Por ello, a quienes incurran en esta conducta, conscientes o involuntariamente, se les debe negar todo consumo de alcohol y drogas, y no ser atendidos ni por psicólogos ni abogados en su proceso penal. El código de ética profesional debe señalar esta causa por motivos de “objeción de conciencia”. Lo más importante: deben ser reeducados por la misma mujer que los parió.
Línea telefónica para solicitar una atención psicológica, sin costo, por los efectos del confinamiento: 442-186-5929.

* Presidente del Colegio Estatal de Psicólogos de Querétaro, AC.
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