Libertad de prensa y derechos de las audiencias

Este domingo 3 de mayo se conmemoró una vez más el Día Internacional de la Libertad de Prensa, instituido en 1993 por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y nuevamente escuché, vi, leí muchos comentarios y opiniones sobre la falta de garantías para el libre ejercicio profesional en el mundo y en México.

Nuevamente la fecha sirvió para recordar la permanente campaña del presidente Andrés Manuel López Obrador de descalificación de medios y periodistas y de cómo, a medida que avanza su gobierno, van disminuyendo las garantías para un periodismo libre y van aumentando las agresiones en contra de periodistas a través de plataformas sociodigitales. Yo personalmente tengo ya una buena horda de bots pendientes de cualquier publicación que haga.

Lo que no vi mucho fueron ejercicios de autocrítica ni propuestas desde nuestro gremio para hacer mejor nuestro trabajo, para abonar a la profesionalización o defender y garantizar el derecho que tienen las audiencias a recibir información veraz, útil, oportuna y sin sesgos, pasiones ni emociones.

Este lunes, en su columna semanal “Miradas de reportero”, el experimentado periodista investigador Rogelio Hernández López se refirió a la importancia de fortalecer el marco jurídico e institucional para proteger el libre ejercicio del periodismo, desde la protección de las personas, hasta la protección laboral, pasando por la profesionalización. Fue la mejor propuesta que leí.

¿Entonces qué es lo que nos toca?

Nos toca ser más profesionales y hacer mejor nuestro trabajo. La primera línea de defensa del periodismo es hacerlo bien y hacerlo pensando en las necesidades de información de las audiencias, no en el lucimiento personal, ni pensando en ganar un premio, porque el periodismo que sirve es de todos los días, no solo cuando se compite por una medalla, una estatuilla o un cheque.

Nos toca regresar a la base del periodismo profesional, que es contar historias que sean de interés público, que le afecten a las personas, que le ayuden a tomar decisiones y que les provean de información útil para la resolución de problemas, no solo para señalarlos.

Nos toca verificar hasta el último dato. No solo decir que el gobierno miente, sino demostrar con datos y números en dónde está la mentira o la manipulación de los datos (como sucede con las cifras de pacientes con Covid-19). En este rubro, las opiniones de otros actores o actrices de la política son absolutamente irrelevantes si solo pretenden dar un comentario a partir de interpretaciones subjetivas de la realidad.

Es decir, no sirve la opinión de nadie de la oposición sobre el quehacer del gobierno, porque ya sabemos lo que van a decir y eso además nos puede convertir en simples personeros de alguien.

Nos toca ir más allá de los sucesos cotidianos y buscar información adicional, datos, estudios, análisis y estadísticas que nos ayuden a explicar al público el fenómeno. Sobre esto es fundamental acercarnos a personas realmente expertas en los diferentes campos de la ciencia y el conocimiento que primero nos ayuden a entender todos estos datos.

Nos toca, además, aprender a presentarlos de manera sencilla, ágil y comprensible para el público, que tampoco es experto ni tiene por qué tener diccionarios científicos a la mano para entender el lenguaje de aquellos periodistas que quieren adornarse de muy sabiondos tan solo redactando lo que ellos y ellas ni siquiera comprenden.

Pero sobre todo nos toca sentarnos frente al espejo y hacer una revisión desde lo más profundo de nuestras conciencias sobre los valores éticos que norman nuestra conducta y reaprender el significado y la significación de palabras como honestidad, objetividad, claridad, compromiso, conciencia social y todos aquellos valores que como personas ejercemos todo el tiempo y que como periodistas debemos mantener y fortalecer para dar a nuestras audiencias eso que necesitan, esa información que les sirve y que no pretende ni engañarles ni ratificar sus creencias ni mucho menos manipular sus conciencias.

Esa es nuestra labor: hacer un periodismo profesional con altísimos estándares éticos.

* Periodista, autor del “Manual de Autoprotección para Periodistas” y de la “Guía de buenas prácticas para la cobertura informativa sobre violencia”.