¿Qué necesita el hombre?

Códigoqro te comparte el legado de una de las periodistas pioneras en México, quien -disruptiva y valiente- nos demuestra que, en las vueltas del comportamiento que llevan a la humanidad a repetir, la evolución de una sociedad debiera cimentarse en su historia para no volver a aquello que alguna vez fue un fracaso.

María Marín Foucher (1909-1985), periodista y escritora tabasqueña, colaboró en revistas y periódicos como “Crucial”, “Nosotros”, “Últimas Noticias” y “Psiquis”, entre otras.

Hay silencio en lo alto. Indolencia, impasibilidad. El Gran Árbitro calla. Las cumbres y los valles repasan, con igual monotonía, la serenata fascinante de la soledad.
Más allá, donde se agita el hombre, se oye un zumbido infernal, como de alas que rozan, que tropiezan, que se hieren al pasar. Es el eco de las sonoridades de un nerviosismo colectivo, de un impulso humano que lucha por engarzar el aro del bienestar con el estómago y el alma…
¿Qué quiere el hombre? Si intentásemos abarcar de una ojeada la extensión sinuosa de los anhelos y problemas de la vida social -o “superorgánica”, como la llama Spencer- nos confundiríamos ante la magnitud de su complejidad. Sin embargo, cuando alguien se sorprende ante el conflicto que afronta el hombre en el proceso de su diario vivir, deberíamos decirle: “Contempla la gigantesca roca, pedazo de materia al parecer inanimada, y mira cómo lucha inteligentemente contra aquellas causas físicas que tienden a desposeerla de su forma natural”.
Y es que la respuesta es simple y se haya en el único motivo de la vida misma: la subsistencia. Hoy sabemos que todo eso por lo que lucha el hombre no tiene más que un nombre: “pan”. Y la tragedia consiste en que, dada la formación orgánica de nuestros sistemas políticos y económicos -imposibles de transformarse rápidamente-, el pan no puede repartirse ni con mediana equidad.
Todo el escepticismo del mundo y todo el optimismo reinante lo engendran las necesidades alimentarias. Así mismo, los tabúes circundantes, la dúctil moral social, los lastres y ficciones de la vida provienen de la carencia o ilimitada posesión de algo que llevarse a la boca.
Por lo anterior, y respondiendo a una pregunta mucho más importante que lo que el hombre anhela, podríamos decir que lo que el hombre necesita es unirse en un solo esfuerzo para ampliar sus medios de subsistencia y trazar los planos de un nuevo mundo, no partiendo de viejos y anquilosados cimientos, sino construyendo otros a partir de un sabio espíritu de igualdad y edificación.
En ese mundo nuevo encontraríamos la mayor porción de estabilidad y cortaríamos de un hachazo con el separatismo y el racismo, con la misma alegría con que se cercena un cáncer. Lo mismo haríamos con el concepto del patriotismo, porque nos empequeñece, reduciéndonos a una franja del planeta y nos convierte, lentamente, en monos que saltamos sobre una sola rama.
Así mismo, habría libertad de acción dentro de una disciplina colectiva, sin miedo a sanciones moralizantes, fueren cual fueren el sexo o preferencias. Tampoco habría mártires ni santos que se incineran a sí mismos o que renuncian a todo logro egoísta para enseñarnos a amar, porque estos personajes no tendrían cabida en un mundo en el cual ya no existe la miseria y la desproporción.
Y todos, absolutamente todos, se irían a dormir cada noche con el estómago lleno para que, al día siguiente, el concepto de la vida, del alma, de la felicidad y de la propia identidad pudiera ser transformado en actitudes generosas y espíritus mejor dispuestos para una fraterna convivencia con los semejantes.
Solo así habría entonces armonía, luz, regocijo y paz para la humanidad y el corazón humano. Solo así podría el hombre comprender que lo que quiere no siempre es lo que necesita.

Para la revista “Crucial” (extracto), 1951. ¿Alguna coincidencia con la actualidad?