¿Moros con tranchetes?

Un tuit del Papa Francisco, la semana pasada, ahora sí que como diría el clásico: “viene como anillo al dedo”, para entender la obstinación de la diputada local del Partido Encuentro Social (PES), Elsa Méndez Álvarez.

“El Señor no puede entrar en los corazones duros ni en los corazones llenos de ideología. El Señor sólo entra en los corazones que son como el suyo: abiertos y compasivos”, escribió el máximo jerarca del catolicismo… la doctrina religiosa que ella tanto defiende públicamente. ¡Y cuánta razón tiene el Sumo Pontífice!

Así -desde la óptica de estos 139 caracteres- el fanatismo, la homofobia, la discriminación hacia quienes piensan y viven de forma diferente, las frases hirientes y el gesto adusto son más facilmente explicables… que no justificables.

Porque solo de un corazón lleno de ideología pueden surgir frases como las que ella, ostentando el cargo público de legisladora –admiradora, por cierto, de Donald Trump- suele lanzar en redes sociales…

Porque solo un corazón lleno de ideología puede sentir que el autorizar en la etapa naranja del semáforo epidemiológico, por la pandemia del COVID-19 en la que nos encontramos en Querétaro -quizá incluso de manera anticipada y más por presiones económicas- una apertura solo del 25% de ocupación y sin celebración de servicios religiosos constituye una intervención del estado en la vida interna de las asociaciones religiosas.

Así lo planteó ella en un comunicado, el pasado 12 de junio, en el que anticipó que enviaría un escrito dirigido al gobernador Francisco Domínguez en el que solicitaría: “1.- Se clarifique la instrucción de reapertura de centros religiosos en el Estado. 2.- Se declare la actividad religiosa, como esencial, ya que es un derecho humano el profesar la Fe. 3.- Dejar claro que la actividad religiosa no es un negocio, para que no se catalogue por parte del Estado como tal. 4.- La no intervención del Estado en esta actividad”.

De hecho, la directora de Servicios de Salud estatal -Martina Pérez Rendón- al respecto, respondió: “Participar en el evento religioso, estar cantando, implica que se estén expidiendo una mayor cantidad de gotitas de secreciones y de saliva que pudieran estar contagiando alrededor; no sabemos el que las superficies pudieran quedarse contaminadas, y si las tocamos, pudiéramos arrastrar virus o bacterias y estarnos infectando. Los líderes lo han comprendido muy bien, en ningún momento se ha limitado el derecho de la población a profesar su culto”.

Cabe recordar que incluso la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, permaneció cerrada durante dos meses para evitar la propagación del coronavirus en Italia… y jamás escuchamos a Su Santidad quejarse de que las medidas por la pandemia vulneraran la libertad religiosa de los católicos o que los actos religiosos de culto continuarían porque la Iglesia no está sujeta a la ley. Los católicos han podido escuchar misas a través de Internet y hacer comuniones espirituales.

En el país, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), emitió los “Lineamientos generales para la reapertura al culto religioso en tiempo de pandemia”, en los que pidió a los obispos que tomaran en cuenta las disposiciones de las autoridades sanitarias.

¿Por qué el afán de la diputada de ver moros con tranchetes, de acusar violaciones a la Constitución, cuando esta consigna claramente que toda persona tiene derecho a la protección de la salud?

¡Nadie prohibió que se profesara la fe!… el objetivo era evitar la congregación de personas, no el ejercicio del culto.

Por cierto, finalmente -y a pesar del acuerdo publicado en el periódico oficial La Sombra de Arteaga que establece la no celebración de servicios religiosos durante la etapa naranja- la Diócesis de Querétaro informó este sábado que, tras un diálogo con las autoridades, siempre sí recibieron autorización para realizar desde el 21 de junio hasta cuatro misas en domingo y dos entre semana.