Se vale enmendar…

En una de las avenidas más importantes y emblemáticas de la Ciudad de México: Paseo de la Reforma, en una de las zonas más lujosas: Lomas de Chapultepec… sí, ahí fue el atentado el viernes pasado, en contra del secretario de Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch, quien logró salir con vida; no así dos policías y una mujer que lamentablemente estuvo en el lugar equivocado, en el momento equivocado.

“Esta mañana fuimos cobardemente atacados por el CJNG, dos compañeros y amigos míos perdieron la vida, tengo tres impactos de bala y varias esquirlas. Nuestra Nación tiene que continuar haciéndole frente a la cobarde delincuencia organizada. Continuaremos trabajando”, tuiteó poco después el propio funcionario, y antes de entrar a cirugía.

La emboscada sucedió a pesar de que en la Ciudad de México -según se informó dos días antes, en la conferencia de prensa matutina- se mantiene un despliegue operativo permanente de 96 mil 256 elementos: 2 mil 528 efectivos de la Secretaría de la Defensa Nacional, 4 mil 228 de la Guardia Nacional, 3 mil 200 de la Secretaría de Marina y 86 mil 300 elementos de la Policía de la Ciudad de México.

“Todo esto tiene que ver sin duda con el trabajo que se está llevando a cabo para garantizar la paz y la tranquilidad, tanto en la Ciudad de México como en el país”, fueron las primeras palabras del presidente López Obrador, en relación con el hecho… y esa fue la línea del discurso replicada en las declaraciones posteriores de diversos funcionarios.

El titular de la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda (SHCP), Santiago Nieto Castillo -quien apenas a principios de este mes de junio reveló que alrededor de dos mil cuentas bancarias, presuntamente ligadas al Cártel Jalisco Nueva Generación, habían sido congeladas-, escribió también en Twitter: “Mi reconocimiento a @Oharfuch por su valor y entereza. Debemos seguir combatiendo a los grupos delincuenciales, en sus líderes, en su estructura financiera, en la corrupción política, judicial y ministerial que los protege, en su base social, en el sicariato. México lo merece”.

El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) del gobierno federal, Alfonso Durazo, reconoció que detrás de este atentado está una organización criminal consolidada, “dado el poder de fuego que mostraron”; reveló, asimismo, que una semana antes hubo una eventual amenaza a algunos funcionarios de seguridad pública.

“Siempre que se registra alguna información que ponga en riesgo la seguridad de algún funcionario del ámbito de la seguridad se hace un análisis de riesgo. Invariablemente en ese caso se hizo el análisis de riesgo correspondiente encabezado por el Centro Nacional de Inteligencia con la participación de la Dirección de Investigación y de la Policía Científica de la Guardia Nacional y del área de inteligencia, tanto del Ejército como de la Secretaría de Marina”, dijo… lo que significa que entonces algo falló, porque el análisis resultó insuficiente.

Quizá sea ya momento de que la 4T haga un análisis serio -sin politiquería- de su estrategia para combatir al crimen organizado; basada, entre otras cosas, en el desarme y la entrega de los infractores; a quienes se les propone un cambio de vida.

Acontecimientos como el homicidio en Colima del juez Uriel Villegas Ortiz y su esposa, el recrudencimiento de la violencia en Guanajuato y -por supuesto- la liberación de Ovidio Guzmán son claros ejemplos de que a los engallados criminales en este país no se les enfrenta con abrazos… sino con una estrategia y coordinación puntuales.

Y si el cambio de paradigma en materia de seguridad nacional y seguridad pública propuesto por el ejecutivo federal en el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 no ha arrojado resultados positivos hasta ahora, se vale enmendar…

P.D. “El que manda, debe oír aunque sean las más duras verdades; y, después de oídas, debe aprovecharse de ellas para corregir los males que produzcan los errores.” (Simón Bolívar)