Ciudad sufrida

Por MNU y Lic. Gabriel Ballesteros Martínez

La ciudad como escenario del conflicto político, como fuente y destino de la oferta electoral, se ha convertido en los últimos meses, como nunca antes, en un cruento campo de batalla. Unas más, otras menos, pero todas nuestras urbes están bajo ataque.

Ya no hay vergüenza, se lastima la infraestructura porque sí, porque de esa forma, destruyendo parabuses y monumentos o grafiteando fachadas, se demuestra la fuerza anárquica de un movimiento infiltrado por radicales, que a sus anchas la usan ahora para infundir miedo a los “fifís”, como pasó hace unos días en Polanco.

Por el otro lado, con la pandemia ha nacido una nueva forma de manifestación contraria: las caravanas vehiculares con sana distancia donde participan aquellos adeptos al movimiento FRENAA, que, dicho sea de paso, tiene motivo social, pero no sustento jurídico y podría ser simplemente otro arrancón en la intención de activar una efectiva oposición al actual régimen que todo ha batido y nada ha transformado.

El respeto a las normas que ordenan y dan civismo al espacio público se ha perdido de forma grave. Pareciera que la vocación de los políticos, antaño cifrada en sus acciones sobre la ciudad, se ha perdido: “quiero un tianguis o cierro la calle”, ponlo; “quiero definir las reglas en mi barrio”, hazlo, pero no te salgas de ahí; “quiero cobrar derecho de piso”, hazlo, pero no molestes a los que yo te diga…

Estamos llegando al límite. Ayer escuché de un ciudadano con valores, “gente buena”, como decían antaño, cuyo nombre omito, una sentida reflexión que resume la situación actual: “No sé, yo creo que en México existe poco compromiso con las causas comunes, existe mucho egoísmo, la gente ve por sí misma y si acaso por los suyos, y el bien común poco les interesa; por eso no participan en política y dejan el bastión (gobierno) para una bola de ambiciosos desmedidos, de ahí que aplique el dicho de que se tiene el gobierno que se merece.

“La culpa de tener esos políticos es de nosotros, por no participar en la política. Es difícil salir de una zona de confort para luchar por causas que quizás no sean las propias y solo por el bien común. Bueno, eso pienso yo… Porque estoy convencido de que existe mucha gente capaz en México y totalmente desperdiciada, que por diferentes circunstancias solo vela por sus propios intereses”…

Ahí se la dejo…