El ‘home office’: entre trastes, juguetes y gritos

Trabajar desde casa ha sido todo un reto: empleados de diferentes rubros tuvieron que adaptarse a una nueva modalidad de trabajo para seguir cumpliendo con sus compromisos laborales de la mejor manera

Con la llegada del COVID-19 al país, los mexicanos tuvieron que adaptarse y trabajar desde casa, lo cual implicó todo un reto, porque mientras unos adecuaron espacios, otros invadieron áreas del hogar para poder laborar bajo esta modalidad.

Martha Graciela Leal Vargas es secretaria del juzgado primero de distrito en materia de amparo del Poder Judicial de la Federación y desde hace tres meses su hermana y ella invaden la mesa del comedor.

“Atendiendo a que el comedor es un área común y como está muy cerca de la cocina, en los horarios propios para preparar los alimentos hay ruido y eso genera mucha distracción y no me permite concentrarme al 100 por ciento, lo que ocasiona que algunas veces cometa errores involuntarios. Además, compartimos la mesa con mi hermana, quien también trabaja desde casa, y cuando hay que desayunar, comer y cenar, hay que quitar las ‘laptops’”.

Reconoció que como no tiene una computadora de escritorio, impresora o escáner en casa, el trabajo se vuelve más pesado.

“Tengo mi propia oficina con luz, con ventilación, con Internet y una máquina de escritorio, porque no es lo mismo trabajar en una ‘laptop’ que en una máquina fija; porque incluso es más fácil revisar en hoja impresa que en la computadora, porque tengo más desgaste de la vista y cansancio, lo que ocasiona que se vayan errores”.

Un problema que Graciela tuvo que enfrentar fue la contratación de internet, pues como todo lo laboral lo resolvía en la oficina, nunca se vio en la necesidad de adquirir el servicio.

“No contaba con internet, porque no lo estimaba necesario; sin embargo, ahora con la contingencia contraté con tres compañías diferentes para ver cuál llegaba primero, pero de hecho tengo problemas con una de ellas, porque nunca me lo vinieron a instalar y me están cobrando”.

“Por el ruido, en ocasiones grabo en mi cuarto o en el baño”

Paulina Rosales Prieto, junto con otras tres chicas, renta una casa que se ubica sobre la avenida 5 de Febrero y para ella trabajar desde casa ha sido muy complicado, porque el único espacio completamente suyo es su cuarto.

“Vivo al lado de 5 de Febrero y siempre hay mucho ruido externo e interno en las áreas comunes de la casa, por lo que mi cuarto es el único espacio donde puedo trabajar cumpliendo los requerimientos de mi trabajo como reportera, donde tengo que escuchar audios y hacer entrevistas”.

Detalló que tuvo que adaptar su habitación porque, a pesar de que tiene un pequeño mueble, en ocasiones su cama la usa como escritorio.

“Tuve que adaptar mi cama como pequeño escritorio y el mueble lo utilizo como mesa, porque realmente es pequeño; cuando mis ‘roomies’ no están en casa, utilizo un espacio de la sala para trabajar o inclusive me he llegado a encerrar en el baño”.

Reconoció que el ruido al interior le impide, en ocasiones, concentrarse, pues las otras chicas, cuando no están viendo la televisión en la sala, están alistándose para ir a trabajar o preparando comida.

“Paso mucho tiempo en el cuarto y eso me agota, porque en ocasiones ellas también trabajaban en casa o como entran más tarde hacen ruido y eso es un distractor (…) considero que hacer ‘home office’ sale más barato para las empresas, pero los trabajadores absorbemos gastos extras de internet y luz; además, las casas no son un lugar para trabajar, son un lugar de descanso”.

“Invadimos el cuarto de uno de mis hijos”

Guadalupe Santacruz Esquivel no solo tuvo que adquirir una computadora adicional a la que tiene, sino que también tuvo que adaptar el cuarto de uno de sus hijos para hacer transmisiones vía Zoom o Skype.

“Enfrentar la cuarentena ha sido todo un reto, porque somos dos adultos en casa y tres menores, una en la universidad, uno en secundaria y otro en primaria; y hubo momentos en los que al mismo tiempo unos estábamos haciendo ‘home office’ y otros tomando clase”, aseguró la docente.

Refirió que tiene habilitada una computadora para los niños en el cuarto de uno de ellos, sin embargo, tuvo que adquirir otra computadora; además, ese cuarto lo habilitó para que todos hicieran sus actividades.

“Invadimos el cuarto del niño, porque como tiene computadora fija; para mí es más fácil realizar las videoconferencias y las clases que doy, así que tuvimos que reacomodar su cuarto, porque para las videoconferencias se tiene que cuidar el ‘back’”.

Mencionó que cuando el cuarto estaba invadido, utilizaba el comedor y, cuando este también estaba ocupado, le tocaba acomodarse en un sillón de la sala.

“Ha sido una nueva vida con una nueva dinámica en la que todos entendimos que tenía que haber silencio porque mami está trabajando o porque estaban en clase, pero no faltó la clásica de que estuvieran los niños en clase y se escuchaba un grito de ‘oye Fernanda, dónde pusiste tal cosa’, o que yo estuviera en alguna transmisión y se escuchaban los ladridos del perro o los chiquillos discutiendo por algo”.

“Tenemos espacios delimitados con mi hijo”

Angélica Robles López sí cuenta con un espacio para hacer ‘home office’, donde tiene destinado un escritorio para ella y otro para su hijo de siete años.

“Yo tengo mi escritorio con mi computadora y la tengo en el cuarto-sala de juegos de mi hijo y está muy bien delimitado, pues por un lado están los escritorios, porque él también tiene el suyo para sus clases, y del otro lado sus juguetes”.

Sin embargo, trabajar en casa ha sido complicado, porque detrás de su escritorio están los juguetes de su hijo y en ocasiones, cuando está en videoconferencia, el pequeño saluda.

“Como mamá trabajadora ha sido complicado, porque aunque está aprendiendo a respetar, no deja de ser niño y se asoma y saluda cuando estoy en videoconferencias o me pide agua y como los vasos están altos, entonces hay que bajarle todo para que esté a su alcance”.

Otro de los retos a los que se enfrenta es el ruido, porque cuando no es su hijo que ya se cayó, es el perro ladrando o el camión del gas, el agua o el de la basura.

“Ha sido muy abrumador y estresante; creo que a veces lo siento más pesado que cuando estoy en calle, porque ahora siento que trabajo todo el día; desde que me despierto hasta que me acuesto, mi cabeza está trabajando pensando en trabajo, entonces es agotador”.

Propondrán que constructoras contemplen áreas de ‘home office’