Los juicios sumarios del presidente…

Hay que exhibirlos, “estigmatizarlos”; que pierdan su “respetabilidad”… esa es la visión de justicia del presidente López Obrador; eso es lo que debe hacerse con los corruptos, los delincuentes, los neoliberales, los periodistas, los adversarios, los conservadores, los “fifís”… porque para ÉL todos son lo mismo… todos caben en el mismo costal; por ende, a todos hay que crucificarlos públicamente.

Para ÉL; quitar la fama, la honra, ofender, humillar y denostar a todos los antes mencinados, en las mañaneras, resulta más efectivo que los procedimientos que -por ley- corresponden ejecutar a las instituciones de procuración e impartición de justicia.

Que, dicho sea de paso, ni siquiera distingue la diferencia entre estos dos conceptos y a quién corresponde cada uno; por ejemplo, el pasado 29 de junio declaró, a propósito de la liberación de la mamá de ‘el Marro’: “Es muy raro todo lo que está pasando en Guanajuato (…) es el estado con más homicidios, pero ya lleva tiempo y las autoridades judiciales son las mismas, el fiscal de Guanajuato lleva ya muchos años (…) Doce años y tiene que haber una renovación en Guanajuato”… ¿El fiscal autoridad judicial?¡Ups!

Y es que en realidad el presidente de la República no le apuesta a que quienes delincan vayan a prisión; la verdad es que más que las sanciones que legalmente puedan imponerse a quienes hayan violado la ley… lo de ÉL, lo de ÉL es una especie de lapidación simbólica pública con una lenta agonía de los que ÉL -erigido como juez- sentencia como culpables, de manera sumaria y extrajudicial:

“Todos tenemos que saber de estos actos de corrupción, estigmatizar estos actos de corrupción para que no se repitan (…) Y yo espero que la fiscalía presente todas las pruebas y que si una prueba se da a conocer que tenga que ver con la corrupción y por el debido proceso esa prueba queda nulificada mi opinión es: no le hace, pero que se conozca, que la gente se entere. Ya van a haber seguramente otras pruebas”, declaró al revelar un acto de corrupción en el juzgado en el que se había otorgado la libertad a José Ángel Covarrubias Salgado, “El Mochomo”, presunto responsable de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa… ¿No importa que una prueba “quede nulificada… ya habrá otras”?¡UPS!

Y si bien -dijo- esperaba que se actuara ante este gravísimo delito, acotó: “y espero también que se ventile, que la gente lo sepa; porque la justicia no es sólo castigar al responsable, es también evitar la repetición del ilícito y eso solo lo podemos ir resolviendo con una voluntad colectiva, con una participación de toda la sociedad repudiando esos hechos de corrupción, porque antes se cometían actos de corrupción y los involucrados ni siquiera perdían su respetabilidad, era como algo de gente muy audaz, muy viva y se hacía costumbre o querían que se hiciera costumbre”.

Resulta entendible -que no justificable- su estrategia, porque un discurso de esta naturaleza “vende” muy bien y resulta sumamente atractivo para sus seguidores… le beneficia políticamente, pues.

Sin embargo, un verdadero estadista -alguien que, como ÉL, pretende pasar a la historia por haber transformado al país- lucharía por hacer que las instituciones funcionaran como deben hacerlo, no por empoderarse ÉL.

La corrupción se va a acabar en México cuando la ley sea aplicada en serio… cuando haya fiscales intachables que realmente procuren justicia… cuando los poderes judiciales -federal y estatales- estén compuestos por profesionales honorables, con principios; profundamente conocedores del Derecho, e independientes de los ejecutivos.