El flirteo en la Casa Blanca…

Todo salió a la perfección y de acuerdo con lo planeado por ambas partes: “Hemos tenido una relación muy buena desde el principio, a pesar de las adversidades y de las apuestas en contra; pero creo que ya han aprendido a no apostar en contra de nosotros”, declaró el presidente norteamericano Donald Trump en el pronunciamiento conjunto durante la visita oficial de trabajo a la Casa Blanca; “fallaron los pronósticos, no nos peleamos, somos amigos y vamos a seguir siendo amigos”, respaldó por su parte el presidente de México.

Por supuesto que no iban a pelearse: el objetivo era un ganar-ganar, en el escenario político, aprovechando la coyuntura del T-Mec; aunque para ello el mandatario mexicano se “entregara” al del país vecino. El encuentro abonaría a cada una de sus agendas, y así fue… de ahí la mar de elogios y exaltaciones mutuas.

Las frases cortas de alabanza del republicano -“mi buen amigo”, “estamos haciendo un trabajo magnífico juntos”, “gran presidente”, “un privilegio tenerlo como amigo”, “fantástico, hermoso discurso”- fueron pulcramente devueltas por el morenista, con locuciones como: “hemos recibido de usted comprensión y respeto”, “lo que más aprecio es que usted nunca ha buscado imponernos nada que viole o vulnere nuestra soberanía”, “se ha comportado hacia nosotros con gentileza y respeto, nos ha tratado como lo que somos: un país y un pueblo digno, libre, democrático y soberano”.

Trump y López Obrador hacen una buena mancuerna porque en el fondo son muy parecidos: populistas y demagogos, a pesar de las diferencias ideológicas a las que el propio López Obrador hizo referencia en su discurso en el marco de la firma de la Declaración Conjunta:

“Ambos hemos sido electos para luchar contra la corrupción, regresarle el poder a la gente y fortalecernos y, tanto usted como yo, lo hacemos”, manifestó el norteamericano… “Usted ha seguido, en nuestro caso, el sabio consejo del ilustre y prudente George Washington, quien advertía que las naciones no deben aprovecharse del infortunio de otros pueblos”, remató el mexicano.

Los conceptos expuestos por ambos fueron lindos y grandilocuentes: “Estados Unidos alberga a 36 millones de ciudadanos mexicanoamericanos que fortalecen nuestras iglesias, nuestras comunidades y colorean todos los trazos de la vida de nuestra nación; además, son grandes hombres y mujeres comerciantes, conforman un gran porcentaje de propiedad de negocios. Son sumamente exitosos, son como usted, grandes negociantes, grandes personas y seres honorables”, declamó Trump… luego AMLO recitaría: “Usted no ha pretendido tratarnos como colonia, sino que -por el contrario- ha honrado nuestra condición de nación independiente”.

Lástima que en las bonitas escenas que vimos hayan quedado fuera: las incómodas e irritantes preguntas de aquellos a quienes el mandatario norteamericano llama “enemigos del pueblo” y nuestro presidente refiere como “famosos pero sin ética”, los periodistas -entre ellos- los de The New York Times, The Washington Post, The Financial Times y El País; el fabuloso muro que los mexicanos estamos pagando, sin darnos cuenta; las amenazas de imponer aranceles si México no hace el trabajo sucio con los migrantes; los niños inmigrantes separados de sus padres y confinados en jaulas; la incertidumbre de los “dreamers”; el tráfico de armas hacia nuestro territorio… porque -les guste o no- todo esto forma parte de la realidad; aunque para el flirteo hayan acordado evitar tratar temas donde no hay acuerdo.