Periodismo en tiempos de pandemia… un desafío

Hacer periodismo en el contexto de la pandemia del COVID-19 no ha sido fácil; las limitaciones para acceder a la información, el entorno personal de los propios periodistas, la cercanía del proceso electoral y el ambiente de linchamiento hacia la prensa han convertido las coberturas diarias en un verdadero reto.

La organización Artículo 19 en “C.O.V.I.D., Informe Especial sobre Libertad de Expresión e Información durante la emergencia sanitaria en México y Centroamérica” —presentado el pasado 9 de julio— subrayó que desde el inicio del brote, la libertad de expresión y el derecho a la información se convirtieron en una víctima más de la pandemia.

Entre otros factores, el organismo internacional metió el dedo en la llaga, en un punto clave: “Se puso de manifiesto la crisis económica a la que se enfrentan diversos medios de comunicación, la vinculación con el dinero público —y el riesgo aparejado de convertir la publicidad gubernamental en mera propaganda o en instrumento de coacción— y, con esto, la precariedad y falta de garantías laborales a las que se enfrenta el periodismo profesional, a lo que se suma el reto mayúsculo de alejar a las audiencias de las campañas de desinformación, que se expanden de manera vertiginosa”.

Y es que, por un lado, la contingencia le vino “como anillo al dedo” —diría el clásico— a autoridades de todos los niveles, porque el confinamiento resultó una buena justificación para limitar el acceso a la información.

Desde mediados de marzo a la fecha —en Querétaro, por ejemplo— el contacto con los gobernantes se redujo a videoconferencias o entrevistas telefónicas, y cuando ellos mismos o las áreas de comunicación social han considerado pertinente; por ello, la comunicación ha sido fundamentalmente a través de boletines oficiales, con lo cual la posibilidad de “un diálogo circular” —diría también el clásico— o de acceder a temas que no estén en su agenda, se ha visto disminuida.

Así, ante temas sensibles, simplemente no han estado disponibles; las declaraciones de funcionarios públicos de primer nivel, de todos los poderes, más bien han sido boletinadas; y, por cierto, muchas sobre entrega de apoyos a afectados por la contingencia.

En cambio —a manera de catafixia— las áreas de prensa han puesto frente a la pantalla de una computadora o en los enlaces telefónicos a servidores públicos de menor jerarquía, para hablar de temas que las diferentes administraciones buscan posicionar… en muchos casos, más propaganda política que información.

Por otro lado, el ámbito personal y laboral de los propios periodistas ha impactado también el trabajo periodístico. Los “freelancers” no han tenido más opción que continuar su trabajo como lo hacen generalmente; algunos medios de comunicación han mantenido a sus reporteros en las calles, con o sin mecanismos de protección (especialmente a quienes cubren la fuente policiaca); en otros, se instruyó a trabajar “home office”… en cualquiera de estas modalidades, las coberturas para informar con veracidad han sido todo un desafío.

De hecho, el citado informe de Artículo 19 aborda el tema bajo el título de: “México, entre informar y mantenerse a salvo” y subraya: “La RELE (Relatoría Especial para la Libertad de Expresión, Comisión Interamericana de Derechos Humanos) insta a las autoridades a no violentar a periodistas y a crear mecanismos que garanticen el pleno ejercicio de su labor, por un lado, y por el otro, a las personas propietarias de medios de comunicación a ‘proveer el apoyo apropiado a las y los periodistas, incluyendo protocolos de seguridad y capacitación adecuada para aminorar los riesgos’ para su seguridad”.

Y como si lo anterior no fuera suficiente —y a pesar de que representantes de organismos internacionales han subrayado una y otra vez la función crucial del periodismo en un momento de emergencia de salud pública, para difundir información crítica y monitorear las acciones del gobierno— es importante agregar la atmósfera de “ajusticiamiento” hacia los periodistas: hoy, quien cuestione pasa en automático a formar parte del “sicariato mediático chayotero”.

P.D. “Aunque se sufra como un perro, no hay mejor oficio que el periodismo”. Gabriel García Márquez.