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Las emociones más comunes por la COVID-19 han sido la inquietud, el temor y la ansiedad. Esto, en un principio del proceso de la pandemia. Ahora, cuatro meses después de iniciarse en nuestro país, el abanico se amplía y ya ha debutado el enojo como principal emoción. No solo el presidente Donald Trump se enoja con China por “provocar” la aparición del coronavirus, también se enoja con los mexicanos infectados que son una amenaza para su territorio. Y aunque parezca canción de la Santanera, las personas que no han podido salir de casa en este tiempo, se encuentran ya desesperados y enojados; los empresarios y comerciantes no ocultan su frustración y muestran un gran enojo porque algunos de ellos han perdido miles de pesos y amenazan con cerrar definitivamente su negocio o la empresa que da empleo a cientos de mexicanos; también las personas que utilizan el cubrebocas y cumplen las medidas de distanciamiento social e higiene se molestan con aquellas que no lo usan y andan por la calle como si nada; resulta curioso que hasta algunos gobernadores están enojados con las autoridades sanitarias y estas con los medios de comunicación por tergiversar información oficial.
El miedo se transformó en ira ¿o será que entramos a etapa de tristeza? De pronto recordé el cuento que publica Jorge Bucay (“La tristeza y la furia”) en un libro sobre duelo.
No olvidemos que estos acontecimientos nos van aportando conceptos relativamente nuevos, que si bien ya conocemos en teoría, su manifestación está teniendo un matiz diferente. Las preocupaciones, el dolor, lo desconocido están cambiando el futuro que queríamos vivir. Y aunque no podamos ver a familiares y amistades, siempre contaremos con alguien en la gran red social que hemos construido durante la historia de nuestra vida. Siempre habrá alguien que busque o que sea buscado por otro; no tenemos por qué desesperarnos, no debemos sentirnos derrotados.
No quisiera referir las formas en que mostramos el enojo y qué es lo que puede hacer uno mismo para controlarlo. Es momento de ayudar a que otros puedan sentirse mejor. Tome en cuenta que siempre hay que actuar con amabilidad para pedir a esa persona que hable de sus miedos e inquietudes; no juzgue las razones y sentimientos que los demás tengan para estar enojados, para ellos son válidas; pregunte cómo puede ayudarle, en lugar de indicarle qué es lo que tiene que hacer; ofrézcale su apoyo para buscar ayuda profesional en salud mental; asegúrele que si modifica su forma de pensar sobre las problemáticas que enfrenta, se podrá sentir con emociones diferentes.
Dicen que el coronavirus es muy agresivo. Seguramente viene muy enojado. La lucha que tenemos contra él no ha sido sencilla, pero bien dicen que “el que se enoja pierde” y entonces requerimos mantener la calma. Nada ganamos al reclamar o adjudicar culpas a quien no las tiene. Solo el autocuidado y el de las personas cercanas harán que tomemos una postura firme, segura y con grandes posibilidades de salir avante de este mal rato para la humanidad.
¿Puedes ayudarte tú? Ayuda a otros. Evita que caigan en el enojo o en la tristeza.

* Presidente del Colegio Estatal de Psicólogos de Querétaro, AC