En búsqueda de la iluminación (Parte 3)

Abordaré en esta entrega algunos de los niveles más avanzados de la consciencia del ser humano. Dichos niveles fueron jerarquizados por David Hawkins en su libro “El poder contra la fuerza”. El referido autor distingue entre los estratos inferiores de consciencia, en los que los individuos se muestran débiles e impotentes ante los retos que les presenta la vida, y los superiores, que nos conceden la fortaleza para avanzar en nuestro camino como seres espirituales en búsqueda de un mundo mejor.

Los niveles inferiores de consciencia -previamente explicados aquí- son la vergüenza, la culpa, la apatía, el sufrimiento, el miedo, el deseo, la ira y el orgullo. El nivel supremo es el de la iluminación, seguido de la paz, la alegría, el amor, la razón, la aceptación, la voluntad y la neutralidad.

NEUTRALIDAD. Este nivel de consciencia es uno de los superiores, pues nos permite trascender el divisionismo y las confrontaciones que caracterizan a los niveles más bajos. Quienes se encuentran en este nivel de desarrollo espiritual reconocen a este mundo como polifacético y complejo. Libres de las ataduras del ego, no sienten ya la necesidad de probar ni demostrar nada. Personas así, de acuerdo con Hawkins, “son llevaderas, seguras, y es fácil asociarse con ellas porque no están interesadas en el conflicto, la competencia o la culpa”, ya que se han liberado de sus ataduras.

VOLUNTAD. Este nivel trasciende la neutralidad; en vez de mostrarnos cautelosos, nos comprometemos a una participación proactiva, sensible a los intereses de la comunidad. “En este nivel, la autoestima es alta – apunta Hawkins – y está reforzada por la respuesta positiva de la sociedad en forma de reconocimiento, apreciación y remuneración”. Los individuos que habitan en esta frecuencia se han liberado del orgullo y están dispuestos a admitir sus defectos y adquieren el compromiso de superarlos.

ACEPTACIÓN. En vez de perseguir vanamente la felicidad, quien se encuentra en este nivel, la descubre en su ser interior. Su aceptación radica en mostrarse dispuesto a abrir los brazos a cualquier cosa que la vida le ponga por delante, sin etiquetarla como buena ni mala. A diferencia de los estratos inferiores de consciencia, empantanados en la rigidez y la cerrazón, la aceptación nos abre las puertas de la inclusión, sabedores de que nadie es más que nadie.

RAZÓN. Los hombres y mujeres de ciencia, así como los grandes pensadores son dueños de una claridad de entendimiento que les ayuda a observar, analizar y comprender la complejidad del acontecer humano. Recurren a la educación y el conocimiento para entender el porqué de las cosas. Deben cuidarse, sin embargo, de aferrarse obstinadamente al pensamiento crítico, lo cual podría convertirse en un obstáculo para acceder a los niveles superiores.

AMOR. Lejos de entender el amor como la emoción cursi y romántica que nos presentan los medios masivos, Hawkins lo identifica como uno de los estados más avanzados de consciencia: “Amar es un estado del ser -escribe Hawkins- y una manera de relacionarse con el mundo con compasión, cariño y comprensión”. El amor es superior a la razón, pues esta última carece de la magia y la espontaneidad del corazón.

(Continuará la próxima semana)