Shakespeare en cuarentena

William Shakespeare, artífice del teatro, se sentiría orgulloso de que, cuatro siglos después de su fallecimiento, “Macbeth” -una de sus obras cimeras- se represente todavía en la capital londinense. O, más bien, solía hacerlo, pues el 12 de marzo fueron cerrados los teatros por cortesía del COVID-19.
Londres es pieza clave de una tradición teatral que data de 1599, cuando la compañía teatral del autor de “Hamlet” inauguró el legendario Teatro del Globo a orillas del Támesis, el cual sería consumido por las llamas de un desafortunado incendio apenas 14 años después. Sin embargo, dicha tradición se ha extendido a la escena actual a través de los musicales de Andrew Lloyd Weber, el talentoso creador de “El fantasma de la ópera”, “Cats”, “Evita” y “Jesucristo superestrella”, que han hecho de la capital londinense la Meca del espectáculo en vivo.
Lloyd Webber, dueño de varios teatros, ha despotricado contra las autoridades británicas por la estricta prohibición de abrir de nuevo las salas por razones sanitarias. Mackintosh, otro empresario artístico, publicó recientemente un artículo en el periódico “Evening Standard”, intitulado “Londres no puede funcionar sin teatros”, en el que denuncia que el cierre obligado lo ha llevado a las puertas de la bancarrota. “Antes del azote del COVID -escribió -, mis ocho teatros funcionaban al tope… [ahora, en cambio] he tenido que reprogramar para mediados del 2021 muchas de mis nuevas producciones”.
Tan serio es el revés, plantea el productor, que la última ocasión en la que los teatros londinenses hubieron de cerrar por tiempo indefinido fue a causa de la peste de 1665. Varios siglos después, durante el acoso de Hitler a la Gran Bretaña en la segunda guerra mundial, los teatros permanecieron cerrados solo durante unas semanas.
Una situación similar vive Broadway, con pérdidas millonarias. Tan solo en la temporada pasada, los teatros de la Gran Manzana recaudaron mil 800 millones de dólares, producto de la venta de 15 millones de boletos, la mayoría de ellos adquiridos por ávidos turistas, quienes asistieron a las espectaculares representaciones de musicales como “Hamilton”, “El rey león”, “El fantasma de la ópera”, y “Wicked”.
Thomas Schumacher, representante de los productores neoyorquinos, declaró recientemente, con evidente tono nostálgico: “La alquimia de mil extraños reunidos en una sola sala, alimentando a cada artista en el escenario… solo será de nuevo posible cuando los teatros de Broadway puedan llenarse de manera segura”. Para complicar más las cosas, cuando se reanuden las funciones (tentativamente el 3 de enero), será un reto guardar la sana distancia, considerando que varias de las vetustas salas operan desde hace más de 100 años. Por esa razón, las filas de butacas están demasiado cercanas unas con otras y sus baños funcionan en espacios sumamente reducidos, situación que aumentaría notablemente el riesgo de contagio. Esto, sin mencionar que muchos de sus asiduos espectadores son adultos mayores, uno de los sectores más castigados por la pandemia. Shakespeare, entre tanto, no tendrá más remedio que esperar con el cubrebocas puesto.