Ana Cely y Honorina, del México rural a la pantalla chica

Ana Cely Palma. Honorina Arroyo. Quizá los nombres no te digan nada, pero significan mucho. Se trata de dos mexicanas que han llegado a la pantalla televisiva de manera improbable. Una es tarahumara; la otra proviene de un pueblo tlaxcalteca sumido en la pobreza extrema. Ambas representan a millones de mujeres del México rural que a diario se esmeran por salir adelante.
Honorina Arroyo, la tlaxcalteca, fue la triunfadora absoluta de la tercera edición de Master Chef México, un programa de TV Azteca en el que anualmente se elige al mejor cocinero amateur del país. Ana Cely Palma, mujer rarámuri, participa actualmente en dicha emisión, que empezó a transmitirse el domingo pasado.
Honorina, de 56 años, es originaria de Santa Clara Ozumba, municipio de Atlangatepec, en donde se cultiva el maíz de temporal, el nopal y la cebada. Madre de seis hijos, acostumbra a preparar barbacoa, mixiotes, mole de conejo y un mole de guajolote elaborado con 22 ingredientes. Tras su triunfo declaró: “No me siento famosa, siempre tiene que haber humildad; uno siempre tiene que saber de dónde viene y yo no me he puesto chocosa”.
Como premio se llevó un millón de pesos, el cual le permitió abrir su propio restaurante en marzo pasado, en su tierra natal. Entrevistada por Quadratín, la ahora empresaria lo describió como “un pequeño espacio para comer,” que habrá de crecer con el paso del tiempo.
Ana Cecy Palma, la concursante rarámuri en la presente emisión de Master Chef México, es originaria de Norogachi, municipio de Guachochi, Chihuahua. A sus 37 años, es una mujer de muchos talentos, pues es también escritora, ensayista, traductora, promotora cultural y activista. Don Erasmo, su abuelo, fue un mexicano ejemplar. Violinista y compositor, en 2002 recibió el Premio Nacional de las Artes por su labor de promoción de la cultura tarahumara a nivel internacional, por su colaboración con antropólogos de Italia, Alemania, Portugal, Japón, Gran Bretaña, Estado Unidos, Irlanda del Norte y España.
Orgullosa de su legado, Ana Cely se expresó así en una ceremonia en honor de don Erasmo en el Palacio de Bellas Artes en 2014: “De mis abuelos y abuelas aprendí a conservar mi esencia como rarámuri y la sencillez de caminar en la vida… para nosotros la poesía, la música y la naturaleza van de la mano”.
En su ensayo ‘Mirada interior’ escribe que cuando nace un niño rarámuri “es presentado con el sol y la naturaleza para que lo conozca”. Da cuenta también de las historias que escuchaba de labios de su tía abuela Tomasa sobre sus antepasados: “Me contaba que hace muchos años nos echaron al mundo; en ese entonces, a principios del mundo, todos eran muy buenos, Todos los animales hablaban y se entendían con la gente… nadie se perjudicaba entre sí”.
Ana Cely, Honorina, dos extraordinarias mujeres cuyas historias de vida nos llenan de orgullo y nos sirven de inspiración a todos.