Ansiedad, lo más común en esta pandemia

Estar encerrados sin socializar y el cambio a rutinas que no permiten la actividad física son las principales razones de los cuadros de ansiedad, sobre todo en los más pequeños

Trastornos de ansiedad, angustia, confusión y depresión son los estragos que ha dejado en el aspecto emocional el confinamiento social por la pandemia de COVID-19, siendo la primera la más común, sobre todo en niños, debido a la falta de actividades y a que no se les enseña a manejar sus emociones.

Para la psicóloga Eréndira Gámez, en este tiempo ha habido muchos brotes de ansiedad por la simple razón de que no estamos diseñados para estar encerrados, necesitamos socializar y hacer actividad física para metabolizar la adrenalina.

En entrevista para “Códigoqro”, la psicoterapeuta explicó cómo reconocer estos cuadros en los pequeños y cómo evitarlos.

“Los niños están muy ansiosos, se les ha recorrido el sueño, tienen insomnio, quieren ver a sus amigos (…) se llenan de adrenalina y luego la descargan con los padres, entonces hay conflictos familiares; sus respuestas son muy retadoras, desafiantes, pareciera que estamos ante un trastorno de niños desafiantes, pero no lo son, es solo la adrenalina que están teniendo a diario, lo que los hace confrontar a los padres. (…) El ejercicio ayuda a metabolizar la adrenalina, con 20 minutos de ejercicio, estiramientos con los padres, con la familia, eso ayudará a metabolizar la adrenalina, porque esta tarda 24 horas en metabolizarse, entonces apenas la están metabolizando cuando viene la segunda carga”.

Asimismo, detalló que aunque la depresión en los niños es pasajera, es importante enseñarles a manejar sus emociones con herramientas que están probadas y validadas científicamente para que no vayan arrastrando situaciones que los afectan.

“La depresión en los niños es muy pasajera, los niños tienen la capacidad de manejar duelos, porque como el inconsciente está abierto con todos los procesos, los guarda y se los avienta en la vida adulta; entonces lo de hoy lo pueden manejar muy bien, por ejemplo, una separación de los padres (…) están tristes, lloran, no se sienten bien, pero como a las dos o tres semanas comienzan a estar bien. Entonces lo evaden, lo guardan, no hay crisis depresiva profunda en niños (…) porque tienen hasta los 18 años para resolverlo y si no… a los 30, y si no… a los 40, tenemos muchas oportunidades de resolver, pero si no lo solucionamos, lo arrastramos por 10 años y se sigue sufriendo por eso. (…) La idea es darles herramientas para manejar sus emociones de tal forma que la emoción no sea tan punzante y a los 19 años lo cierren”.

Los padres juegan un papel fundamental en la salud mental de los hijos y lo primordial para que fluya correctamente es la comunicación, por lo que la experta recomienda siempre hablarles a los niños con la verdad, explicándoles el porqué de las cosas.

“El concepto de amor, de unión, de familia, se aprende en familia, si los padres no tienen un vínculo muy cercano es como si fueran padres ausentes y lo que va a pasar es que se forman personalidades ansiosas (…) si hubiera comunicación familiar, juntas familiares semanales en las que se enseña cómo se manejan las emociones, decirles: ‘esto es el miedo, pero el miedo está aquí como una alarma, una alerta’. (…) Es falta de comunicación, porque los niños están viendo y a veces se les ignora y hablamos de muerte, de nuestros propios temores, y no nos damos cuenta que aunque están jugando están con el oído abierto de lo que dijeron o cómo lo dijeron; si se les aclara que a lo mejor su abuelita está en riesgo porque forma parte de la población en riesgo, porque es mayor, está enferma, pero que no le va a pasar nada porque se va a cuidar, los niños lo entienden, pero hay que decirles el porqué”.

Finalmente, recomendó no adelantarse a los hechos ya que aún no sabemos cuándo se va a regresar a la normalidad.

“Tenemos que ser positivos. La mente positiva es la que aleja los temores, la que abre puertas, la que da oportunidades, teniendo miedo, no ves la oportunidad; entonces una mentalidad positiva, de crecimiento, de desarrollo, de que todo puede cambiar de un momento a otro (…) pensar ahorita en cómo van a ser las cosas es angustiante y esa angustia es contagiosa y no nos ayuda, nos despierta el pensamiento negativo y eso no ayuda en nada”.

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