Hacia dónde ir y cómo recomenzar…

No cabe duda de que nuestro país atraviesa por un momento complicado: el viejo sistema no acaba de morir, y el nuevo régimen parece que va por un camino oscuro e incierto.
El entorno que estamos padeciendo en México encuentra una explicación desde la óptica de la encíclica “Fratelli Tutti” que el Papa Francisco recién dio a conocer, si bien se trata de un documento universal… mejor aún, arroja una luz sobre hacia dónde dirigirnos.
Y no, no se trata de un escrito que deba ser conocido solo por la comunidad católica; y así lo explica el propio Pontífice: “Entrego esta encíclica social como un humilde aporte a la reflexión para que, frente a diversas y actuales formas de eliminar o de ignorar a otros, seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras. Si bien la escribí desde mis convicciones cristianas, que me alientan y me nutren, he procurado hacerlo de tal manera que la reflexión se abra al diálogo con todas las personas de buena voluntad”.
La carta permite poner a cada quien en su lugar, y desmenuzar la situación que vivimos, como si la colocásemos bajo un microscopio para observar lo que no podemos percibir a simple vista; y para ─sobre todo─ encontrar un sentido a nuestra propia existencia.
En el país, los gobernantes, los partidos políticos y el llamado “círculo rojo” nos han arrinconado hoy en entre dos visiones, como si para sobrevivir solo tuviéramos la opción de elegir entre una y otra: por un lado, la neoliberal, cuyos intereses económicos y políticos ─sin lugar a dudas─ hundieron al país en la corrupción y la inseguridad. Y por otro, la de la 4T cuya estrategia para acabar con el régimen conlleva exhibir, odiar, dividir y desaparecer todo; en lugar de enmendar y sancionar lo que deba ser sancionado.
En “Fratelli Tutti”, el papa Francisco reflexiona sobre cómo “El mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal. Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente. El neoliberalismo se reproduce a sí mismo sin más, acudiendo al mágico ‘derrame’ o ‘goteo’ —sin nombrarlo— como único camino para resolver los problemas sociales. No se advierte que el supuesto derrame no resuelve la inequidad, que es fuente de nuevas formas de violencia que amenazan el tejido social”.
Y hace una fuerte crítica a un sistema que se ha guiado por “una política hacia los pobres pero nunca con los pobres, nunca de los pobres y mucho menos inserta en un proyecto que reunifique a los pueblos”.
Pero, advierte ─en contraposición─ sobre un “insano populismo” en el que prevalece “la habilidad de alguien para cautivar en orden a instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder”; y sobre cómo en ocasiones se busca “sumar popularidad exacerbando las inclinaciones más bajas y egoístas de algunos sectores de la población. Esto se agrava cuando se convierte, con formas groseras o sutiles, en un avasallamiento de las instituciones y de la legalidad”.
Afirma incluso que “los planes asistenciales, que atienden ciertas urgencias, sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras” porque “la política no puede renunciar al objetivo de lograr que la organización de una sociedad asegure a cada persona alguna manera de aportar sus capacidades y su esfuerzo”.
Y llama a recomenzar: “No tenemos que esperar todo de los que nos gobiernan, sería infantil. Gozamos de un espacio de corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y transformaciones. Seamos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas. Hoy estamos ante la gran oportunidad de manifestar nuestra esencia fraterna, de ser otros buenos samaritanos que carguen sobre sí el dolor de los fracasos, en vez de acentuar odios y resentimientos”.
Así, en su tercera encíclica, el obispo de Roma aconseja “Que otros sigan pensando en la política o en la economía para sus juegos de poder. Alimentemos lo bueno y pongámonos al servicio del bien”… Eso es todo, ¿a poco no?